Nina Tsukiko Posts : 462 lolita-sama  |
Posted 08/12/2007 00:08:21 AM | | Pues es la primera vez que escribo un cuento lolitesco y me hacía ilu compartirlo con vosotras! A ver qué opináis, espero críticas, tanto buenas como malas.
El cuento de Oniria
La luz decaía. Diminutas transparencias salpicaban el suelo. El frío resplandor de la Luna se miraba en el espejo de su ventana. Y Oniria, a su vez, se miraba en el suyo. Era uno de esos días en que sus sentimientos parecían cristalizarse en el cielo. Una cajita de música sonaba débilmente, un golpe seco la silenció. Diminutas transparencias salpicaban el tocador. El espejo, fuente de tantos buenos recuerdos, ahora le mostraba lo que no quería ver. Unas finas líneas surcaban su rostro, la nieve empezaba a esparcirse por su cabellera... ¿Qué sentido tenía ponerse vestidos de princesa? ¿Por qué ya no podía mostrarse con la edad que realmente tenía? Siempre había sido una niña, había crecido pero conservaba esas ilusiones que la mayoría de la gente pierde a la edad adulta. Antes podía mostrar todas esas ilusiones, pero ahora su rostro había cambiado y de nada serviría rodearse de lazos y encajes. De repente, un rayo se vislumbró y el cielo se estremeció. Oniria cayó en la más profunda desesperación, todo lo tapaba la niebla de la confusión. Pero la más profunda oscuridad puede traer la luz... Como si de un hada madrina se tratara, Oniria escuchó una voz en su interior: “Siempre soñaste con ser una pequeña princesa y lo conseguiste, pudiste crear tu mundo, tu propia realidad, pudiste vivir feliz realizando día a día tus sueños... Porque cada vez que una Lolita se pone un vestido y se mira en el espejo, un sueño se ve cumplido. Ahora estás triste, porque crees que todo ha terminado, que nunca más podrás vivir en el mundo que has creado. Tu sueño era ser una princesa... Pero has olvidado una cosa: el sueño de toda princesa es convertirse en reina.” Oniria recogió la cajita de música del suelo y la hizo cantar. Diminutas y alegres transparencias acariciaban la mesa del tocador. Se encerró cuatro días y cuatro noches en su habitación, no comía, no dormía, no hasta haber realizado su última creación: un vestido de terciopelo, de color rojo oscuro, con preciosos encajes negros, corto hasta las rodillas y muy elegante. Era más serio, más adulto, pero conservaba todas esas ilusiones que nunca perdería. Ese vestido expresaba todo lo que había aprendido siendo una princesa y todo lo que aún le quedaba por aprender. Cuando hubo terminado se probó el vestido, se sentó delante del tocador y se puso una corona de perlas. Entonces supo que nada le prohibiría ser una niña con la experiencia de una anciana. Se miró en el espejo, sonrió, y se dio cuenta de que muchos más sueños aún esperaban ser cumplidos.
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